La distopía del Mundo del Revés: Stranger Things, cosmología y universos paralelos.

The Dystopia of the Upside Down: Stranger Things, Cosmology and Multiverse.

Mario Ramos Vera

Universidad Pontificia Comillas

mrvera@comillas.edu

Recibido: 31/01/2023 Aceptado: 04/04/2023

Resumen

Uno de los elementos centrales de la narrativa que sustenta la serie Stranger Things es la existencia de un enigmático Mundo del Revés (Upside Down). Ajeno a nuestro universo, este plano paralelo o dimensión alternativa se convierte en una fuente de peligro y en el lugar de origen de algunos de los males a los que han de enfrentarse los protagonistas. A través de una reflexión cosmológica, dedicada a los postulados teóricos que justificarían la existencia de universos paralelos, y desde la metafísica contenida en La Ciudad de Dios de San Agustín, sería posible evidenciar que el Mundo del Revés se erige en una distopía ‒como una realidad de dominación, de ausencia de libertades y de negación de la vida‒. A lo largo del desarrollo de la serie Stranger Things queda de manifiesto que no se trata de una distopía estática sino dinámica, expansiva y agresiva, por mor de sus habitantes, pues su afán es colonizar nuestro universo. Así, asistimos desde la cultura popular a una manifestación nítida del pensamiento distópico.

Palabras clave

Stranger Things, Cosmología, Metafísica, Distopía, Universos paralelos, Series de televisión.

Abstract

One of the most important elements of the narrative of Stranger Things series is the existence of an enigmatic Upside Down. Outside our universe, this parallel plane or alternate dimension becomes a source of danger and the origin of evils that the protagonists have to defeat. Through a cosmological reflection, dedicated to the theoretical postulates that try to justify the existence of parallel universes, and from the metaphysics contained in St. Augustine’s City of God, it would be possible to demonstrate that Upside Down stands as a dystopia ‒as a reality of domination, absence of freedoms and denial of life‒. Throughout the plot of Stranger Things, it becomes clear that it is not a static dystopia but a dynamic, expansive and aggressive one, because of its inhabitants’ eagerness to colonize our universe. Thus, we are witnessing a clear manifestation of dystopian thought in popular culture.

Keywords

Stranger Things, Cosmology, Metaphysics, Dystopia, Multiverse, Television series.

Sugerencia de cita / Suggested citation: Ramos Vera, Mario (2023). La distopía del Mundo del Revés: Stranger Things, cosmología y mundos paralelos. Distopía y Sociedad: Revista de Estudios Culturales, 3, 42-55.

1. INTRODUCCIÓN

La serie de televisión Stranger Things (Duffer y Duffer, 2016-) no sólo se ha convertido en un fenómeno mediático por su reinterpretación nostálgica de la década de los años 80, sino que además ha sido objeto de estudio académico[1]. Sin embargo, la mayoría de las investigaciones corresponden a ámbitos propios de la comunicación y la publicidad o de las industrias culturales ‒cinematografía y producción audiovisual‒ (Mollet, 2019; Alaminos-Fernández, 2020; Flores Heymann, 2020; Guarinos y Cobo Durán, 2020; Parejo y Vázquez López, 2020; Vizcaíno-Verdú, Contreras-Pulido y Guzmán-Franco, 2021). También encontramos publicaciones de enclaves académicos como la traducción (Ruiz San Miguel y Pérez Fernández, 2019), los estudios literarios y la filología (Fuentefría Rodríguez, 2017) o la filosofía (Ewing y Winters, 2019). De entre estos ámbitos, merece la pena destacar que el pensamiento utópico y distópico también podría tener cabida en esta serie, puesto que uno de los elementos centrales de la narrativa audiovisual de Stranger Things es la existencia de un enigmático Mundo del Revés (o Upside Down). Este mundo reverso o plano alternativo se erige en fuente de peligros y se convierte en el lugar de origen de algunos de los males más peligrosos a los que han de enfrentarse los protagonistas, en el escenario de la localidad ficticia de Hawkins, donde tienen lugar la mayoría de los acontecimientos de Stranger Things. No en vano, merece la pena destacar la vertiente distópica de este Mundo del Revés por el carácter de sus amenazas, de las que se pueden añadir ejemplos fácilmente a continuación. Así, a la hostilidad y agresividad de cada demogorgon es preciso añadir el control social ejercido por el azotamentes ‒tanto en el universo siniestro como en nuestro propio mundo‒ y las veleidades de dominación social y biológica de Vecna[2].

Para defender que el Mundo del Revés es un universo paralelo que encierra una distopía, concebida como una realidad de dominación y de ausencia de libertades, conviene realizar un ejercicio de interdisciplinariedad. Desde la filosofía es posible recurrir a ámbitos como la cosmología y la metafísica para acompañar esta investigación que aspira a satisfacer la oportunidad que brinda esta serie no sólo por su innegable interés mediático desde la cultura popular sino, además, para profundizar en su alusión al estudio de las distopías. Conviene aclarar que se trata una serie que se compondrá de cinco temporadas, de las que se han emitido cuatro en el momento de escribir estas líneas. No obstante, la falta de la temporada final no invalidaría los argumentos aquí esgrimidos, puesto que la conclusión de la serie aportará una justificación narrativa, sin cuestionar los elementos argumentales que sirven de fundamento para esta investigación. A tal fin, el orden seguido en páginas sucesivas para defender la pervivencia de una distopía en el Mundo del Revés de Stranger Things contempla un estudio de los universos paralelos desde la cosmología[3], un análisis del mal desde la metafísica y un acercamiento desde el pensamiento utópico y distópico.

2. COSMOLOGÍA Y UNIVERSOS PARALELOS

El Mundo del Revés es un misterio que, como advierte Kuzma, podría conformar un universo paralelo, una realidad diabólica o un futuro posible (2019). Las siguientes páginas aspiran a analizar, en el caso de tratarse de una dimensión paralela, qué modelos cosmológicos del multiverso serían capaces de albergar el Mundo del Revés. Conviene, consecuentemente, definir qué es aquello que entendemos por universos múltiples. La idea del multiverso alude a la posibilidad de que nuestro universo no sea el único que existe, sino que seamos los moradores de uno entre una pléyade de dimensiones, de islas de materia vagando en el espacio o de planos paralelos que, normalmente, no interactúan entre sí (Weinberg, 2007)[4]. Desde una perspectiva filosófica, nuestro universo no supondría un sistema cerrado y autocontenido, se trataría únicamente de una estancia más entre múltiples habitaciones de una enorme morada. Esta idea ha permitido plantear teorías altamente especulativas y difícilmente demostrables pero que han resultado sugerentes para la literatura, el sector audiovisual y, en general, diversos ámbitos de las industrias culturales y creativas. No es, por otra parte, una idea novedosa, pues desde la filosofía de la Antigüedad existe un debate sobre la posibilidad de los muchos mundos y ha sido objeto de estudio por parte de la cosmología y de la filosofía de la naturaleza. Por ese motivo, la exuberancia de conceptos que han adornado la premisa de un universo múltiple, formado por un número infinito de sub-universos que no podemos atisbar pero que planteamos a través de distintos modelos teóricos, impiden establecer una propuesta unitaria[5]. Parece, por tanto, que la idea del multiverso abarca un abanico amplio de teorías y de modelos altamente especulativos antes que un cuadro conceptual consistente y unitario. Así, es posible encontrar distintas formulaciones del concepto de multiverso o universo múltiple: la cosmología inflacionaria, la teoría cuántica de los muchos mundos, el multiverso en la teoría unificada, la taxonomía de Tegmark[6] y los universos múltiples que justificarían el principio antrópico.

2.1. Universos paralelos en la cosmología inflacionaria

Las propuestas de la cosmología inflacionaria postulan que el cosmos crece tras un breve período de expansión acelerada y exponencial. Para dar cuenta de este proceso inflacionario, algunas de estas teorías recurren a una singularidad espaciotemporal inicial, mientras que otras aluden a la creación espontánea ex nihilo (Kragh, 2007/2008). Con independencia del origen de este crecimiento que podría durar, literalmente, para siempre, una consecuencia sería la repetición de una estructura fractal que tendría como resultado que lo que pueda llegar a ocurrir, sucedería en infinitas ocasiones[7]. Es decir, ante un espacio infinito, por mera distribución de probabilidades todas las historias posibles y las configuraciones viables habrían sucedido infinitas veces ‒porque todo lo que tiene una posibilidad distinta de cero, en un universo de tamaño y extensión infinitos, ha de ocurrir con una frecuencia infinita‒ (Barrow, 2011/2012). Por lo tanto, la predicción de la inflación cosmológica señala que podrían surgir infinitos universos locales y, de esta manera, podríamos confirmar la existencia de un multiverso inflacionario nutrido de universos-burbuja idénticos al nuestro, de sosias donde lo que pueda llegar a ocurrir ha de suceder infinitas veces.

Para el cosmólogo Max Tegmark, se trataría del modelo de universo múltiple más plausible, puesto que ni siquiera recurre a la física especulativa sino a observaciones susceptibles de contraste y comparación, porque en un espacio infinito cualquier acontecimiento, por muy improbable que sea, tiene lugar en algún momento y lugar (Tegmark, 2014). Tal vez no tengamos noticias de estos universos, porque la luz u otra fuente de información no habría tenido tiempo aún de llegar hasta nosotros, pero quedaría como una posible evidencia la radiación térmica de fondo ‒capaz de proporcionar una evidencia de las colisiones de nuestro universo con otros‒ (Tegmark y Rees, 1998; Garriga y Vilenkin, 2001)[8].

Por otra parte, Linde desarrolló una teoría que difiere drásticamente del modelo del Big Bang estándar del universo para defender la existencia de una multitud de universos, que a su vez producirían los siguientes, en un proceso de generación continua y sin fin (Linde, 1987). A su vez, esto cuestionaría la vigencia del modelo sustentado en una singularidad inicial, pues habrían tenido lugar infinitas explosiones, con sus subsecuentes inflaciones posteriores (Barrow, 2011/2012). Estas inflaciones posteriores, al producirse de manera infinita, no serían necesariamente homogéneas y, consecuentemente, esto se traduciría en una expansión más rápida de algunas partes del espacio-tiempo que de otras. De ahí que cada “burbuja” o “dominio” ‒con su propio sub-universo desconectado de los restantes, con sus propios valores de la variable cosmológica y distintas leyes de la física‒ permita postular la coexistencia de universos, puesto que cada una de estas unidades universales podría “abarcar todo lo que es hoy nuestro universo visible” (Sellés, 2007, pp. 294-295)[9]. Estas burbujas conformarían un multiverso de universos desconectados entre sí.

2.2. Cosmología cuántica y la teoría de los muchos mundos

En segundo lugar, conviene recuperar el modelo de multiverso cuántico ‒merced a la teoría de los muchos mundos de Everett III‒ pero, a tal fin, resulta conveniente retomar la realidad que propugna la mecánica cuántica, que describiría el comportamiento de los objetos microscópicos e invisibles al ojo humano, tanto en su movimiento como en sus interacciones. Así, frente a las leyes de la mecánica clásica, que permiten especificar el estado de un objeto a través de su dirección y velocidad en un momento dado ‒la trayectoria‒, la mecánica cuántica no asume esta posibilidad porque las partículas no poseen posiciones ni velocidades definidas. Por tanto, existe una probabilidad de que todos los sucesos posibles puedan ocurrir. De esta manera, las leyes de la mecánica cuántica permiten calcular los cambios temporales de esa probabilidad a través de una función de onda, que contiene la posibilidad de que la partícula esté en un cierto lugar con una cierta velocidad (Kaku, 2005/2011). No obstante, Everett III en su tesis publicada en 1957 con el título Relative State Formulation of Quantum Mechanics puso en cuestión la interpretación que la escuela de Copenhague haría de la mecánica cuántica, y que precisaba del colapso de la función de onda ‒es decir, cuando el observador interviene y finaliza así la superposición de estados y concretando así el estado del famoso “gato de Schrodinger”‒ (Everett III, 1973). Para ello, Everett III llevó al extremo las consecuencias del principio de superposición de estados. Así, cada vez que un sistema cuántico tiene ante sí más de una posibilidad, el universo se dividiría a su vez en otros universos nuevos, en cada uno de los cuales sólo se concretaría una posibilidad. En consecuencia, cuando se realiza un experimento cuántico, todos los resultados posibles tendrán lugar, cada uno de los mismos en un universo diferente.

Esta teoría, a juicio de Vaidman, estaría compuesta por dos elementos: (a) una teoría matemática que descansa sobre el estado de la función de onda y (b) una prescripción filosófica que establece la correspondencia entre el estado cuántico del universo y nuestras experiencias, lo que denota una elevada subjetividad (Vaidman, 2002). Por lo tanto, se trata de una justificación del multiverso que parte de la premisa de que la función de onda contiene un vasto número de líneas temporales paralelas, que continuamente se desdoblan como resultado de eventos cuánticos ‒decisiones, acontecimientos…‒. No obstante, filosóficamente, como todo universo tiene existencia propia, un observador sólo podría conocer su propio universo, quedando como recurso narrativo propio de la ficción la posibilidad de encontrarse con copias desdobladas de uno mismo en dicho multiverso o comunicarse con dichos universos (Barrow, 2011/2012; Tegmark, 2014). El corolario es que todos los universos cuánticos, por improbables que sean, pueden existir, en ramas distintas del multiverso, sin tratarse de fantasmagorías, elucubraciones o ensoñaciones de existencia efímera (Kaku, 2005/2011)[10].

2.3. El multiverso en la teoría unificada

Más allá de la actual búsqueda de la teoría del todo ‒que aspiraría a explicar de manera unificada, por medio de una ecuación única, las principales cuestiones cosmológicas‒, que a juicio de Barrow sólo permitiría describir casos muy restringidos y específicos (Barrow, 2011/2012), cabe oponer la posibilidad de que el resultado arroje una pluralidad de teorías interconectadas, cada una de las cuales sólo describiría un aspecto de la realidad. Ahí entraría la teoría de cuerdas ‒que pueden vibrar de manera armónica y consistente en diez y veintiséis dimensiones‒, de la que cabe derivar merced a la hipótesis del universo inflacionario la existencia de más dimensiones espaciales y, quizá, de otros universos inmersos en un espacio mayor, puesto que hay muchos estados posibles del vacío, y cada uno de ellos puede constituir un universo con sus propias leyes, constantes y condiciones iniciales. Esto es, el universo formaría parte del tapiz de un multiverso infinitamente mayor. Algunos podrían albergar la vida y otros no: “Nuestro universo puede estar perdido entre los millones de universos posibles que han sido descubiertos en la teoría de cuerdas” (Kaku, 2005/2011, p. 251).

2.4. La taxonomía de multiversos de Tegmark

El matemático Max Tegmark, en su propuesta de clasificación de los tipos de multiversos incluye los modelos inflacionario y cuántico, al tiempo que añade el multiverso matemático (Tegmark, 2014). Esta propuesta descansa en una premisa, la realidad de estos multiversos, ajenos a cualquier rasgo metafórico, que pueden coexistir, de acuerdo con una jerarquía que Tegmark establece en varios niveles: (a) el multiverso inflacionario, (b) las burbujas post-inflacionarias, (c) el multiverso cuántico y, por último, (d) el multiverso matemático.

En cuanto al primer nivel (a), el multiverso inflacionario estaría más allá de nuestro horizonte cosmológico y correspondería a las configuraciones idénticas que surgen en un universo espacialmente infinito y en expansión. Daría cumplimiento a la premisa de que lo que pueda ocurrir una vez, sucederá infinitas veces (Tegmark, 2014). El segundo nivel correspondería a las burbujas post-inflacionarias (b). Aunque puede parecer idéntico al primer nivel, el modelo propuesto sería diferente, pues resultaría de una inflación caótica, lo que permitiría que las burbujas de materia resultantes dieran lugar a un multiverso compuesto de infinidad de universos-isla separados entre sí, con unas posibles condiciones iniciales y unas propiedades físicas radicalmente distintas entre sí. El tercer nivel (c), correspondiente al multiverso cuántico, seguiría el desarrollo matemático y filosófico de la teoría de los muchos mundos de Everett III para señalar que los universos paralelos surgen del desdoblamiento que generan los eventos cuánticos, con infinidad de variaciones y reencuentros entre unos y otros (Tegmark, 2014). El cuarto nivel (d), correspondiente al multiverso matemático, merece mayor detenimiento, pues se trata del planteamiento más original del profesor Tegmark. Para ello sigue un paradigma platónico radical que vincula con los otros tres niveles multiversales vistos con anterioridad del multiverso (Tegmark, 2014). A juicio de Tegmark, todas las leyes físicas se reducen a un problema matemático y, consecuentemente, lo que percibimos y aprehendemos de la realidad que nos rodea no sería más que la proyección de un modelo matemático. De esta manera, las distintas estructuras básicas permitirían todas las combinaciones posibles ‒supeditadas a su coherencia matemática‒, al tiempo que nuestro punto de vista como observadores se antojaría, únicamente, una descripción subjetiva de un mundo de armonía y belleza matemáticas. No existe, por tanto, la aleatoriedad ni la complejidad, porque todo puede ser descrito con menos información que el multiverso inflacionario (Tegmark, 2014). Se trata de un modelo altamente especulativo, con unas realidades suprasensibles que, a juicio de Tegmark, aúna la verosimilitud con la que describen el mundo junto con la consistencia ontológica ‒pues dichas estructuras matemáticas existen también físicamente‒[11].

2.5. El principio antrópico y el diseño del multiverso

En último lugar, cabe aludir al principio antrópico como un posible argumento favorable a la existencia de los universos paralelos. Las condiciones para que surja la vida en un lugar concreto del cosmos dependen de un equilibrio sumamente delicado entre diversos factores arbitrarios ajustados a leyes fundamentales y constantes iniciales (Romerales, 2010). Las leyes de la física, entonces, parecen haber sido ajustadas con precisión para hacer posible nuestra existencia. Unas levísimas variaciones en estos parámetros durante el inicio del Universo habrían dado lugar a otra situación diferente en virtud de la cual tanto la vida como la existencia del hombre no habrían sido posibles. Este sería el argumento del “ajuste fino” o auto-ajustamiento. El consenso científico es que este ajuste, por sí mismo sorprendente, requiere de alguna explicación. Para ello surgió el principio antrópico, que postula que el universo posee en su interior una capacidad de auto-ajustamiento ‒fine-tuning, al que Carter habría opuesto como objeción que el ser humano no ocupa un lugar privilegiado en el universo (Carter, 1974). A lo largo de las décadas posteriores, el debate acerca de este lugar de predominio o de la azarosa y fortuita coincidencia de factores que hacen posible la vida generó una pléyade de argumentos cosmológicos, filosóficos y teológicos (Kragh, 2007/2008)[12]. De esta manera, tres posibles argumentos darían respuesta al misterio de la aparición de la vida: (1) la mera casualidad; (2) la existencia de un Diseñador inteligente; y (3) la existencia del multiverso, pues por estadística, la mayoría de los universos no podrían albergar vida como consecuencia de unas constantes físicas adversas, haciendo del nuestro un afortunado accidente cósmico.

3. METAFÍSICA Y MAL EN STRANGER THINGS

Tras recorrer las propuestas más relevantes o, por lo menos, aquellas que han concitado mayor reflexión teórica, del multiverso y con la finalidad para evidenciar la latencia de la distopía en el Mundo del Revés conviene dar cuenta de la noción del mal ‒tanto físico al ser consecuencia del mal moral concebido en el sentido de mala voluntad como metafísico en cuanto ausencia del bien‒ vigente en este plano dimensional. En este sentido merece la pena destacar también el planteamiento de Kuzma, que considera que el conflicto entre las dos ciudades de San Agustín ‒la de los hombres y la Civitas Dei reverberaría en el asalto de entidades agresivas como los distintos ejemplares de demogorgon, los demoperros o el azotamentes desde el Mundo del Revés hasta nuestra propia realidad. Al mismo tiempo, señala el autor, el mal no permanece únicamente afincado en el Hawkins reverso de esa dimensión inhóspita. Al contrario, el mal también mora y se expande a través del Hawkins de nuestro universo, de tal manera que existirían dos maneras de situarse en dicho emplazamiento, siendo una el reflejo enfermizo de la otra (Kuzma, 2019). También conviene abordar, desde esta perspectiva, el enfoque que haría del Mundo del Revés un reflejo invertido a través de una lente corrompida de nuestro propio mundo, una antítesis de la metafísica platónica o, incluso, un remedo gnóstico (Ewing, 2019). De esta manera, nuestra dimensión se erigiría en ideal arquetípico y el Mundo del Revés se torna una versión corrompida. Se trataría de dos planteamientos sugerentes por la originalidad filosófica que aportan al análisis de la serie Stranger Things: trasladando desde el ámbito geográfico al moral la lucha contra el mal, para que se trate de un conflicto tanto exterior como interior, dentro de la propia condición del ser humano, e invirtiendo la carga ascético-penitencial de la materia y la corporeidad típica de los gnósticos hasta desplazarla al Mundo del Revés.

Si recuperamos el primer argumento, la influencia agustiniana, cabe destacar que San Agustín de Hipona (354-430 d.C.) desplegó en La Ciudad de Dios ‒obra que escribió durante más de una década y que finalizaría en 426 d.C.‒ un majestuoso escenario de teología de la historia al tiempo que una construcción utópica sofisticada sustentada sobre el progreso traumático y las intervenciones providenciales en el camino histórico hacia la salvación (Herrera Guillén, 2013)[13]. En esta obra, asistimos al despliegue de un conflicto ingente entre aquellos que habitan en la Ciudad de Dios y quienes moran en la ciudad terrena, que es lo mismo que diabólica. La primera está inspirada en la lealtad de los ángeles fieles a Dios, mientras que la segunda obedece a la soberbia de los demonios sublevados. De ahí el surgimiento de dos ciudades, la terrena y la de Dios, y la convivencia de ambas urbes, coexistiendo en el mismo espacio: “Nos encontramos, pues, en la ciudad terrena con dos formas: una que nos muestra su propia presencia; otra prestando servicio de esclava para significar con su presencia la ciudad celeste” (San Agustín, 426/2009, p. 587). Finalmente, la Ciudad Celestial vencerá tras la dialéctica con la urbe diabólica y se implantará en la historia para formar el Reino de Jesucristo sobre la tierra. De este modo, San Agustín de Hipona establecería una cesura entre la salvación ‒necesariamente trascendente‒ y cualquier promesa utópica, de carácter inmanente.

Dedica los capítulos 5 y 22 de los libros XIX y XXII, respectivamente, que componen La Ciudad de Dios a describir la servidumbre de la ciudad de los hombres a la violencia, la coacción y el embuste (San Agustín, 426/2009)[14]. La ciudad celestial, en cambio, ordena a la paz racional, a la armonía y a la compañía de Dios (San Agustín, 426/2009, p. 858):

Así, la ciudad terrena, que no vive según la fe, aspira a la paz terrena, y la armonía bien ordenada del mando y la obediencia de sus ciudadanos la hace estribar en un equilibrio de las voluntades humanas con respecto a los asuntos propios de la vida mortal. La ciudad celeste, por el contrario, o mejor la parte de ella que todavía está como desterrada en esta vida mortal, y que vive según la fe, tiene también necesidad de esta paz hasta que pasen las realidades caducas que la necesitan (San Agustín, 426/2009, p. 857).

La comparación con las ideas planteadas en este sentido por La Ciudad de Dios de San Agustín de Hipona contribuye a reforzar la premisa de que estamos ante un universo ontológicamente malvado. En este escenario salvífico de dos urbes enfrentadas conviene señalar que ambas ciudades no existen de manera diferenciada. Se trataría de dos formas distintas de estar en el mundo. En este sentido, San Agustín cifraba en el capítulo XVIII de La Ciudad de Dios:

cuál es el desarrollo, en esta vida mortal, de las dos ciudades, la celeste y la terrena, mezcladas desde el principio hasta el fin. La terrena se fabricó dioses falsos a su gusto, tomándolos de donde sea, y aun de entre los hombres, para honrarlos con sus sacrificios; en cambio, la celeste, que peregrina en la tierra, no se fabrica dioses falsos, sino que ha sido hecha por Dios para ser ella misma un verdadero sacrificio. Las dos, sin embargo, disfrutan igualmente de los bienes temporales, o igualmente son afligidas por los males ciertamente con fe diversa, con diversa esperanza, con caridad diversa, hasta que sean separadas en el último juicio y consiga cada uno su propio fin, que no tendrá fin (San Agustín, 426/2009, p. 819).

Así, Kuzma plantearía que existen dos Hawkins, diferentes por su orientación. No se trata de fronteras que separen nítidamente las dos ciudades agustinianas, sino del modo en que se relacionan los habitantes de estas. Serían, por lo tanto, orientaciones morales (Kuzma, 2019). La ciudad terrestre es malvada, apunta Kuzma y lo corrobora la anterior cita de San Agustín, porque su degeneración conlleva el mal metafísico, adolece del bien, y consecuentemente comporta la falta de existencia, la nada (Kuzma, 2019). A lo largo de Stranger Things encontramos ejemplos visuales abundantes de la falta de vida del Mundo del Revés, o por lo menos de una vida no agresiva. El Mundo del Revés no sería entonces lo opuesto del Hawkins real, sino su reflejo enfermizo (Kuzma, 2019). Se trata de un remedo de Hawkins dominado por el ansia de dominación, por la muerte y la decadencia. No en vano, a la existencia de ejemplares de demogorgon se suma una vegetación igualmente letal, como se puede comprobar con los ataques que sufren personajes como Hopper en la segunda temporada (Nickson-López, 2017) o Nancy Wheeler, Steve Harrington y Robin Buckley en su asalto a la mansión Creel (Duffer y Duffer, 2022b). Del mismo modo, el Mundo del Revés contiene radiación que aconseja portar un traje de protección, tal y como indica el Dr. Brenner a Joyce Byers y al jefe Hopper durante su incursión para rescatar a Will (Dichter, 2016).

Su influencia habría llegado hasta nuestro Hawkins, pues podemos encontrar a lo largo de la serie a humanos igual de corrompidos que las monstruosidades surgidas del Mundo del Revés (Kuzma, 2019). Por ejemplo, encontramos la contraposición entre dos científicos, cada uno con una orientación moral distinta, que evidencian esa forma de estar en el mundo. Si el Dr. Owens es un científico preocupado por el bienestar tanto de los protagonistas de la serie ‒lo que especialmente se puede comprobar en el trato que dispensa a Will Byers a lo largo de la segunda temporada‒ como de Hawkins, el Dr. Brenner instrumentaliza a Once, la joven con poderes psíquicos, a la que sólo premia con su afecto cuando ella ha cumplido sus designios o directrices. De esta manera, Owens se situaría como habitante de la Ciudad de Dios mientras que Brenner parece habitar en la decadente ciudad de los demonios. La dicotomía se acentúa aún más si comparamos al Dr. Brenner con el jefe de policía Hopper, pues ambos desempeñan el mismo papel paternal respecto de Once, pero con orientaciones morales distintas (Kuzma, 2019). Si el primero aspira a educarla y a formarla como persona, el segundo hace de ella un experimento y un arma, esto es, un medio y no un fin en sí mismo.

Por otra parte, y vinculado por la raigambre platónica que compartiría con el agustinismo, cabe destacar el gnosticismo, que evidencia un vínculo con el Mundo del Revés de Stranger Things (Ewing, 2019). El gnosticismo ‒compuesto por una pluralidad de corrientes sincréticas, heterogéneas e imaginativas como los barbelo-gnósticos, marcionitas, valentinianos o setianos-ofitas que aspiraron durante los siglos ii y iii d.C. a alcanzar un conocimiento superior y salvífico denominado gnosis‒ se caracteriza especialmente por su concepción dualista de la realidad. Así, la materia sería algo negativo, un presidio, una cárcel para el espíritu, concebida como algo positivo. A este dualismo, que emparentaría a gnósticos con maniqueos, se sumarían otros rasgos, como el papel de Cristo como mero intermediario entre Dios y el mundo. Además, el cosmos sería fruto del trabajo de un demiurgo o divinidad inferior. Arrojado de su divinidad a un mundo imperfecto y malvado, el alma ha de ascender desde la prisión de la materia nuevamente hasta el mundo divino (Brakke, 2010/2013)[15]. A juicio de Ewing, Stranger Things alberga una inversión de este remedo platónico y religioso. Así, el mundo real se tornaría en el ideal arquetípico y el Mundo del Revés sería su versión corrompida (Ewing, 2019). Por lo tanto, aunque el origen del Mundo del Revés se trate de una cuestión abierta de la que aún desconocemos su respuesta, este entorno de pesadilla derivaría en un reflejo o réplica del nuestro, menos real ontológicamente (Ewing, 2019).

4. LA DISTOPÍA DEL MUNDO DEL REVÉS

Tras exponer las teorías que sustentarían la consideración del Mundo del Revés como un universo paralelo o como una forma de situarse en nuestro mundo más cercana a esa dimensión de decadencia y muerte, resulta factible aprovechar ese doble argumento con el objetivo de abordar los estudios distópicos. Tanto si Stranger Things plantea la existencia de un universo paralelo como si se trata de un reverso corrompido de nuestra realidad, se trataría de una propuesta ajena a cualquier cartografía o cosmología conocidas. La hipótesis del universo paralelo situaría el Mundo del Revés en un emplazamiento inexistente para nuestros criterios sobre la realidad que habitamos y que tendría su traslación en un sentido cosmológico. Esa otredad, susceptible de ser ubicada en un universo paralelo, entraña una distopía, acaso más cercana al multiverso cuántico, a la cosmología inflacionaria o a la teoría de cuerdas. La primera explicación descansaría sobre un hecho, la entrada de Will Byers en el Mundo del Revés, que, como quedó de manifiesto en la cuarta temporada, estaría congelada en noviembre de 1983 ‒fecha de entrada del niño en ese plano‒ (Duffer y Duffer, 2022a). La segunda aludiría a la semejanza, que no identidad, entre ambos mundos ‒y que habría de surgir de la infinita replicación de los universos isla hasta generar este remedo siniestro‒ a lo que habría que añadir algún tipo de pasaje entre los intersticios de ambos universos. Finalmente, la tercera explicación cifraría su vigencia en la posibilidad de conectar los universos merced a las cuerdas que vibran de manera armónica[16]. Así parece ocurrir merced a los poderes que algunos personajes y enemigos como el demogorgon parecen evidenciar, al traspasar el umbral entre ambos mundos.

Cabe añadir que, tanto si consideramos la existencia de otros universos como si se trata de una forma de situarse en el mundo, desde el punto de vista agustinista, Stranger Things recoge una distopía tal y como se concibe desde el punto de vista de un orden social y natural de dominación, de terror y de ausencia de vida. En este caso, se trataría de un mundo peor que, por ejemplo, Hawkins, tal y como concibiría Sargent la distopía (Sargent, 1994, 2000), al tiempo que, como señala Martínez Mesa, se trataría de una ficción para arrojar “una mirada esperanzadora en torno a la capacidad del ser humano para dar respuesta a  las  difíciles  condiciones  planteadas  en  el  curso  de  su  existencia” (Martínez Mesa, 2018, p. 290). La ajenidad al mundo conocido, como señalan el literato Martínez Biurrun y el académico Pitillas Salvá, evidencia que Stranger Things forma parte de un elenco de aquellas ficciones que emplean “sinónimos casi literales de heterotopía”, en este caso el Mundo del Revés (Martínez Biurrun y Pitillas Salvá, 2021, p. 204)[17]. Por lo tanto, se trata de un espacio ubicado en la “otredad”, traspasando la cotidianidad. Este lóbrego emplazamiento estaría, además, transido por un afán de dominación, de negación de la libertad y de hostilidad hacia la vida. Así aparece de manera nítida a lo largo de las temporadas conocidas de la serie, pues queda de manifiesto que no se trata de una distopía estática sino dinámica, expansiva y agresiva.

La distopía, como la vertiente más negativa y funesta de la utopía, entraña el mal lugar, un artificio que simula una utopía normativa ‒un buen lugar, en definitiva, una eutopía‒, pero que tras esta apariencia de perfección esconde el totalitarismo, el control social y la dominación[18]. Supone, además, un aviso para los coetáneos del autor de dicha distopía (Sargent, 1994, 2000). Esta pulsión totalitaria hace de la distopía una perversión de los prototipos utópicos, una tentación que subyace en el utopismo (Kateb, 1972; Manuel y Manuel, 1979). El Mundo del Revés está transido de ejemplos[19]. Desde un entorno natural hostil pasando por las diversas criaturas que amenazan la integridad física y mental de los héroes ‒como por ejemplo el demogorgon o los demoperros‒ hasta los anhelos de dominación y sometimiento del azotamentes y Vecna, se trataría de evidencias que cuestionan el carácter de agentes morales de tales monstruos para justificar la legítima defensa ejercida por parte de los héroes.

 Ejemplos de estos anhelos de control, de supresión de libertades y de terror lo encontramos de manera consistente a lo largo de la serie, pero resulta conveniente aportar algunos ejemplos concretos. En la primera temporada, cuyo argumento descansa en la desaparición de Will Byers ‒abducido por un demogorgon al Mundo del Revés‒ y en el rescate por parte tanto de sus amigos más jóvenes como de su familia, abundan evidencias de la existencia de esta distopía. Así, Nancy Wheeler traspasa el intersticio entre planos, explora el inhóspito Mundo del Revés y, a duras penas, escapa del ataque del demogorgon (Tatlock, 2016). De ese ambiente hostil también encontramos buena prueba en la búsqueda que emprenden Joyce Byers y el jefe de policía Hopper para buscar a Will, pertrechados con trajes protectores para la radiación y con armas de fuego (Duffer y Duffer, 2016). En este sentido, ya en la segunda temporada, cuando el azotamentes toma posesión del cuerpo de Will Byers, Hopper será atrapado por las formas de vida vegetales en su trayecto por los túneles que dan al Mundo del Revés (Nickson-López, 2017). A esta lógica de un mundo adverso para la vida se suma la misma lógica del control que ejercería el azotamentes sobre Will Byers (Doble, 2017). También encontramos otra manifestación de este argumento durante la cuarta temporada. En mitad del asedio de Vecna a nuestra dimensión, los demomurciélagos atacan a Nancy, Robin, Steve y Eddie en el Otro Mundo (Duffer y Duffer, 2022a)[20]. Este escenario distópico queda patente como la inversión normativa que entraña el planteamiento de Vecna, pues el Mundo del Revés se trata de su propia eutopía, frente al riesgo ineludible que entraña para nuestra realidad (Duffer y Duffer, 2022b).

5. CONCLUSIONES

Con independencia de la explicación definitiva que pueda arrojar la última temporada de la serie Stranger Things, resulta evidente que el Mundo del Revés o Upside Down en ella presentado sería un no lugar, un emplazamiento radicalmente “otro”. Sus vínculos con los universos paralelos también resultan significativos. El Mundo del Revés tal vez quede más cercano de las propuestas del multiverso cuántico, inflacionario, o del universo paralelo que emanaría de la teoría de cuerdas. El devenir argumental de la serie parece aportar explicaciones en este sentido. A mayor abundamiento, se trataría de un universo paralelo que encierra una distopía. Así, Stranger Things se erige en una manifestación audiovisual de la cultura popular que recoge, por tanto, una reflexión que desde los ámbitos filosóficos de la cosmología y la metafísica aborda una manifestación nítida del pensamiento distópico.

Resulta posible comprobar, además, que una suerte de influencia metafísica ‒de raigambre agustinista‒ aparece entremezclada con la cosmología que sustentaría la noción del multiverso de Stranger Things. Es decir, el mal no sólo mora en ese Upside Down, sino que también coexiste en nuestro universo y tiene un innegable alcance, pues la serie nos presenta a quienes se situarían moralmente en la ciudad de los demonios y no en la de Dios. No obstante, también merece la pena incidir en la pervivencia gnóstica, que permite interpretar el Mundo del Revés como un reverso pobre y decadente del mundo real. Esta dualidad entre el multiverso y la tensión escatológica agustinista permite desentrañar los rasgos distópicos que provienen del Mundo del Revés y que aspiran a contaminar el universo. Así, es posible destacar la dominación, la alienación y la aniquilación como elementos que aparecen reiterada y sistemáticamente a lo largo de las cuatro temporadas que conforman la serie en el momento de escribir estas líneas. El Mundo del Revés, con su otreidad cosmológica encierra también una distopía que, revestida de una fantasía y ciencia ficción nostálgica, los protagonistas de la serie aspiran a derrotar.

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[1] Existen también numerosas obras divulgativas (p. ej. Adams, 2017/2017; McIntyre, 2018/2019).

[2] En el marco de profunda intertextualidad de la serie Stranger Things, el demogorgon, el azotamentes o Vecna ‒el villano que centra la atención de la cuarta temporada‒ reciben sus nombres de criaturas maléficas o de antagonistas de los personajes jugadores de Dungeons & Dragons. Son los niños ‒Mike, Will, Dustin y Lucas‒ quienes han de asignar estos nombres a monstruos que escapan de su comprensión y para los que sólo encuentran un marco de referencia en sus libros de rol de Dungeons & Dragons. Este célebre juego de rol, a lo largo de sus ediciones y durante prácticamente cinco décadas, ha incorporado a estos monstruos como rivales de los protagonistas. Si el demogorgon en el juego representa a un príncipe demoníaco (Perkins, Lee y Whitters, 2015), en la serie se trata de un monstruo capaz de atravesar la membrana que separa el Mundo del Revés de nuestra dimensión. El azotamentes de Dungeons & Dragons ‒también denominado ilícido (Perkins, 2014, p. 222)‒ se trata de un vagabundo interdimensional de una raza esclavista, con poderes psíquicos. Los protagonistas denominarán con este nombre, tras señalar la imagen del manual de monstruos, al enemigo que ha poseído a su amigo Will en la segunda temporada de la serie y que aparecerá de manera recurrente durante la tercera y cuarta temporadas. En cuanto a Vecna, se trata de uno de los mayores representantes del mal en el universo ficticio del juego de rol, un hechicero no muerto que ansía la divinidad (Crawford, Perkins y Wyatt, 2014) y que permite a los jóvenes protagonistas de Stranger Things identificar a su némesis de la cuarta temporada.

[3] La idea del multiverso o de los universos paralelos parte de una premisa: nuestro universo forma parte de una estructura mayor. Cuestión distinta sería cómo explicar el surgimiento de ese entramado de universos múltiples, la posible interacción ‒o su ausencia‒ de estos universos entre sí, de si sería factible pasar de una propuesta meramente especulativa a una confirmación factual… A estas reflexiones presta su auxilio la cosmología y ayuda a conformar diferentes tesis, de enorme complejidad, pero que han tenido notable éxito en su difusión a través de la literatura, los cómics, los videojuegos y las producciones audiovisuales de las últimas décadas.

[4] Estos mundos podrían ser, por ejemplo, diferentes regiones del espacio, diferentes eras de un Big Bang, regiones del espacio-tiempo o partes diferenciadas de un espacio cuántico.

[5] Para el profesor Tegmark la duda no estribaría tanto en la viabilidad teórica de un universo múltiple como en los niveles que compondrían dicho multiverso (Tegmark, 2014).

[6] Merece la pena destacar que la propuesta del matemático Max Tegmark ha gozado de éxito tanto académico como divulgativo por cuanto comprende los diversos tipos de multiversos e incluye un nuevo nivel, de índole matemática.

[7] Una estructura fractal alude a un objeto cuya geometría se repite de manera infinita, a distintas escalas, esto es, aparece revestido de manera reiterada y sistemática de autosimilitud. Por ejemplo, el copo de nieve de Koch, los conjuntos de Mandelbrot o los de Gaston Julia son buenas referencias visuales de la fractalidad.

[8] Una crítica recurrente a esta teoría se centraría en el carácter discutible de dichas observaciones de “otros universos”, que por definición permanecerían ajenas a nuestra posibilidad de aprehenderlos y percibirlos (Romerales, 2010). Sellés nos previene del carácter especulativo de este tipo de multiverso porque “cualquier otra porción del universo queda fuera de toda posibilidad de observación, por lo que no cabe especular con lo que habría sucedido en otras regiones” (Sellés, 2007, p. 295).

[9] No obstante, pese al carácter realista del modelo cosmológico de la Gran Explosión, sería dudoso el carácter probable de esta hipótesis (Soler Gil, 2008).

[10] No obstante, esta teoría ha recibido una crítica centrada en su carácter altamente especulativo, en su dependencia de una ontología deudora de avances aún por realizar por parte de la cosmología y por no recibir el apoyo de ninguna teoría física aceptada ‒pese al marco unitario que brinda para dar respuesta a cuestiones ontológicas‒ (Soler Gil, 2008).

[11] Así, “al no existir diferencia ontológica entre realidad física y estructura matemática, toda estructura matemática cuenta como un universo, aunque sólo aquellas que alcanzan una gran complejidad se autoperciben como tales, siendo así contempladas como estructuras también físicas” (Romerales, 2010, p. 471).

[12] Tanto la hipótesis del multiverso como la del diseño inteligente serían de carácter metafísico antes que científicas, debido a la imposibilidad de contrastarlas experimentalmente (Craig, 2003). Por ejemplo, Collins (2003) defiende la compatibilidad del ajuste de las condiciones que permiten la vida simultaneando la posibilidad de la existencia del multiverso con el diseño inteligente por parte de Dios.

[13] No en vano, Rivero asevera que el “mecanismo mismo del espejo que proporciona la utopía, como forma de crítica, está muy próximo a la contraposición entre las dos ciudades” (2007, p. 83).

[14] De este modo, “mientras está en el tiempo, la Ciudad de Dios no tiene paz perfecta” (Antuñano, 2012, p. 299).

[15] Los rasgos principales que compartirían las distintas corrientes gnósticas serían los siguientes: (1) el objeto del conocimiento ha de ser Dios y su contenido es salvífico-escatológico, esto es: (i) quiénes éramos y en qué nos hemos transformado; (ii) dónde estábamos y dónde fuimos arrojados; (iii) el lugar al que deseamos llegar y de dónde hemos sido rescatados; y (iv) qué es el nacimiento y el renacimiento; además, (2) existe una escisión radical entre el bien y el mal, y si bien originariamente nuestra identidad quedaba adscrita al bien, nuestra situación actual es la de un exilio en la materia, de donde seremos rescatados por Cristo; (3) existen tres categorías de hombres: pneumáticos, psíquicos e hílicos (en función de si predomina su pneuma, su psyche o su hyle, lo que iría desde una mayor a menor posibilidad de salvación); (4) el Demiurgo es un semidios malvado, origen del mal, y se correspondería con el Dios del Antiguo Testamento; (5) la realidad inteligible procede de la unidad primordial a través de parejas de eones; (6) el gnosticismo es una doctrina secreta que sólo han de conocer los iniciados; y (7) la materialidad o corporeidad iría de la mano del mal y y del exilio del alma en la tierra (Reale y Antiseri, 1983/1988). En consecuencia, “el cosmos es un lugar tenebroso, creado por un segundo dios, un Demiurgo maléfico, del que hay que escapar tras la muerte para ascender a una suerte de tierra prometida en la que poder entrar en comunión con la divinidad” (Sánchez, 2019, p. 79).

[16] Todo ello sin perjuicio de lo expuesto en las cuatro temporadas emitidas en el momento de escribir estas líneas, que podría decantar la explicación de este mundo paralelo.

[17] Por heterotopía seguiremos el concepto de Foucault de aquellos espacios que, de alguna forma, resultan “otros”, que alteran el mundo real de algún modo y no pierden conexión con el mismo, se yuxtaponen con este, y ejercen alguna función, como por ejemplo un cementerio, una cárcel, un centro comercial o un barco (Foucault, 1984/1986).

[18] La utopía puede conformar: (1) un género narrativo y literario de viajes extraordinarios ‒y, por tanto, desempeñaría una función descriptiva‒; (2) un anhelo moral ‒como referente normativo‒; y (3) un proyecto de transformación social y política con la intención de construir un orden nuevo ‒esto es, de carácter prescriptivo‒ (Levitas, 2011). Las distopías encuentran acomodo en cualquiera de estas categorías.

[19] No en vano, a lo largo de la cuarta temporada asistimos a un arco argumental centrado en un personaje que se encuentra encerrado en un gulag soviético, y que evidencia los rasgos propios del totalitarismo.

[20] Los demomurciélagos son criaturas voladoras del Mundo del Revés que, por su agresividad, son motejadas con dicho nombre por su similitud con el depredador por excelencia de esa dimensión, el demogorgon.