El sueño distópico de Harold A. Covington para laconstrucción de un etnoestado blanco estadounidense.

HaroldA. Covington’s Dystopian Vision for anAmerican White Ethnostate

Eva Gómez Fernández
Investigadora independiente

Recibido: 24/07/2025 / Aceptado: 01/09/2025

Resumen Este artículo analiza la Saga del Noroeste de Harold A. Covington, compuesta por cinco novelas distópicas, como herramienta de propaganda supremacista. La investigación examina cómo estas novelas proyectan la creación de un etnoestado blanco como respuesta a un supuesto caos social, reinterpretando la distopía como utopía racial y presentando el separatismo blanco como destino inevitable y deseable. Los objetivos que se persiguen son identificar las estrategias discursivas empleadas para legitimar la violencia y construir un sujeto político supremacista, analizar los recursos narrativos que humanizan y glorifican a los insurgentes generando un martirologio racial que fomenta su imitación. Finalmente, examinar la proyección de un orden absoluto basado en la exclusión violenta como solución política. La metodología es interdisciplinaria, combinando análisis literario de estas obras distópicas con el estudio de fuentes primarias, un informe desclasificado del FBI que presenta la figura de Covington y un análisis crítico del discurso de ultraderecha estadounidense articulado en teorías conspirativas. Se concluye que estas narrativas funcionan como dispositivos de radicalización y propaganda, integrándose en la maquinaria ideológica de la ultraderecha global y reforzando su visión mesiánica y violenta. Palabras clave Distopía, Harold A. Covington, Etnoestado blanco, Saga del Noroeste, Neonazismo.
Abstract This article explores Harold A. Covington’s Northwest Novels, composed of five dystopian novels, as a tool of white supremacist propaganda and radicalization. It examines how these narratives depict the creation of a white ethnostate as the only solution to a purported social collapse, reframing dystopia as a racial utopia and portraying white separatism as both inevitable and desirable. The main objectives are to identify the discursive
strategies used to legitimize violence and construct a supremacist political subject. Secondly, to analyze the narrative techniques that humanize and glorify insurgents, creating a racial martyrology that fosters imitation. Finally, to examine how novels project an absolute order based on violent exclusion as a political solution. Methodologically, the research adopts an interdisciplinary approach, combining literary analysis of these dystopian works with primary sources, such as a declassified FBI report, alongside critical discourse analysis of the American far right and its conspiratorial narratives. The article concludes that Covington’s works function as instruments of radicalization and propaganda, embedding themselves within the ideological machinery of the global far right and reinforcing its messianic, exclusionary, and violent worldview. Keywords Dystopia, Harold A. Covington, White Etnostate, Northwest Novels, Neo Nazism.

Sugerencia de cita / Suggested citation: Gómez Fernández, Eva (2025). El sueño distópico de Harold A. Covington para la construcción de un etnoestado blanco estadounidense. Distopía y Sociedad: Revista de Estudios Culturales, 5, 17-27.

a las agrupaciones de ultraderecha
es Los Diarios de Turner, publicada en 1978 por William Luther Pierce bajo el seudónimo de Andrew McDonald. Esta novela, de carácter distópico, advierte sobre los supuestos peligros que amenazarían a Estados Unidos en un futuro cercano debido a tres factores que, según su autor, serían consecuencia directa del progresismo (Pierce, 1978). En primer lugar, Pierce critica la inclusión de la población negra en ámbitos laborales anteriormente vedados, resultado del fin de la segregación racial institucionalizada desde la Reconstrucción de 1876. En segundo lugar, denuncia el avance del feminismo, que habría empoderado a las mujeres, llevándolas a ser independientes, a establecer relaciones interraciales o a convivir con otras mujeres, lo cual amenazaba la llamada «pureza racial». Finalmente, acusa a los judíos de ser responsables de una supuesta conspiración sionista para dominar el mundo, fomentar el mestizaje y destruir los valores tradicionales.

Debido al impacto positivo que esta novela tuvo entre círculos supremacistas, en 1989 publicó Hunter (Cazador), esta vez firmando con su nombre real. En esta obra promovía abiertamente la necesidad de una guerra racial para instaurar un etnoestado blanco (Pierce, 1989). Además de escritor, Pierce era químico de profesión y militante activo del nacionalsocialismo en Estados Unidos, participando en organizaciones extremistas y elaborando panfletos donde explicaba cómo fabricar artefactos explosivos y organizar una revolución violenta contra el gobierno federal. Como se ha mencionado, los escritos de dicho ideólogo se convirtieron en una especie de manual para muchos extremistas, que cometieron atentados que se enmarcan dentro de lo que se conoce como «terrorismo doméstico», es decir, de carácter nacional.

Aunque sus ideas constituyen lo que actualmente se denomina aceleracionismo neonazi, existe otro autor, menos conocido por el gran público, pero aún más radical en sus planteamientos. Este es Harold A. Covington. A lo largo de su vida, Covington escribió diversas novelas de corte distópico. Sin embargo, esta investigación se centrará específicamente en las cinco obras que componen su llamada Saga del Noroeste: The Hill of the Ravens (2003), A Distant Thunder (2004), A Mighty Fortress (2005), The Brigade (2007) y Freedom’s Sons (2013). Aunque este es su orden de publicación, temáticamente las novelas se organizan de manera diferente y configuran un universo narrativo coherente que proyecta la visión supremacista y aceleracionista de su autor.

A Distant Thunder (Covington, 2004) funciona como el inicio narrativo de la serie. Su temática aborda los orígenes del movimiento separatista blanco, mostrando la radicalización progresiva de los personajes y los primeros pasos hacia la insurgencia. Al presentarse una sociedad decadente y caótica se justifica la revolución.

The Brigade (Covington, 2007) constituye el núcleo bélico de la saga. Relata el levantamiento armado y la formación del llamado Ejército de Liberación del Noroeste, describiendo en detalle la organización militar y las estrategias de combate de los insurgentes. Se narra el inicio de la guerra civil entre los separatistas blancos y el gobierno federal de Estados Unidos para crear un etnoestado blanco.

Por su parte, A Mighty Fortress (Covington, 2005) se centra en la consolidación del nuevo Estado tras la victoria parcial del Ejército de Liberación del Noroeste. Si bien aún persisten elementos de guerra, la atención narrativa se desplaza hacia el desarrollo institucional de la República del Noroeste, mostrando los procesos de construcción estatal y de consolidación del régimen supremacista. Describe la instauración de estructuras administrativas y militares, presentándolo como un proceso de reorganización nacional legítima.

En cuarto lugar, la trama de The Hill of the Ravens (Covington, 2003) sigue a un oficial del régimen que investiga los crímenes y traiciones cometidos durante la guerra civil. Se configura, así, como una mirada retrospectiva, dentro del universo narrativo de Covington, aportando una perspectiva de memoria heroica que refuerza el mito fundacional de la república supremacista.

Finalmente, Freedom’s Sons (Covington, 2013) explora las teorías de conspiración, ideologías extremistas y métodos de propaganda utilizados por grupos insurgentes, elementos que merecen un análisis crítico por su repercusión en discursos políticos y sociales reales.

La motivación de este trabajo es realizar una exégesis crítica que permita comprender cómo estas narrativas funcionan como herramientas de propaganda ideológica. El presente análisis buscará, en primer lugar, identificar las estrategias discursivas clave empleadas para legitimar la violencia y construir un sujeto político supremacista. En segundo lugar, analizar los recursos narrativos con los que se humaniza a los terroristas y se enaltece su sacrificio, generando un martirologio racial que fomenta la imitación. Finalmente, examinar la forma en que se proyecta un etnoestado blanco como solución a un supuesto caos social, apelando a un orden absoluto basado en la exclusión violenta.

Para conseguir estos objetivos se empleará una metodología interdisciplinaria que integra el
examen de estas obras distópicas, el estudio de fuentes primarias –como los informes del FBI
desclasificados sobre el autor compilados en un único documento– y una exégesis crítica del discurso de la ultraderecha estadounidense que se vertebra en torno a teorías de conspiración. Se observa, así, cómo Covington reinterpreta la distopía como utopía racial dado que su narrativa ofrece una visión mesiánica en la que el separatismo blanco se torna inevitable y deseable, transformando el odio racial en un mito heroico.

En tal sentido, el estudio de estas obras distópicas servirá como herramienta de alerta ciudadana frente a los riesgos que representa el discurso de extrema derecha. Se trata de un discurso que, pese a su persistencia, ha permanecido anclado en un parasitismo ideológico sin una evolución significativa a lo largo del tiempo porque, al no encajar con los mitos fundacionales de Estados Unidos, importó ideológicamente ciertos elementos que no arraigaron ampliamente en la sociedad para producir un proyecto político coherente. Así, con el fin de garantizar su supervivencia, se filtra en determinados núcleos antiestatistas, patrióticos o conspirativos que, aun sin inscribirse en una matriz neonazi, habilitan
su circulación y reproducción discursiva. Es ilustrativo apreciar cómo la literatura puede funcionar como discurso insurgente y generador de identidades violentas y desafía a los estudios literarios y sociopolíticos a abordar críticamente estas producciones como parte de la maquinaria ideológica de la ultraderecha global.

2. HAROLD A. COVINGTON: DE «PATRIOTA» A «PARIA»

Harold Armstead Covington (1953-2018) fue un separatista blanco, propagandista y activista
neonazi originario de Carolina del Norte. Tras graduarse en la escuela secundaria, se alistó en el Ejército de los Estados Unidos, impulsado por lo que él mismo definió como un sentimiento patriótico. Desde la adolescencia, adoptó una ideología que entraba en consonancia con el nacionalsocialismo y que muchos grupúsculos neonazis difundían en círculos cerrados. El movimiento por los Derechos Civiles, que tuvo su génesis en 1955, contribuyo a que, hacia finales de la década de 1960, se aboliera formalmente la segregación racial. La familia de Covington, al igual que muchos supremacistas blancos y sectores conservadores, miró con recelo las mejoras sociales que dicha abolición supuso para las comunidades racializadas (Isenberg, 2017). Por ello, se consideraba a sí mismo un líder que buscabaunif icar al Partido Nazi estadounidense (FBI, 1982, p. 321).

Además, estableció contacto con numerosos miembros del Ku Klux Klan (KKK) para llevar a
cabo atentados contra miembros del Partido Comunista. Se le atribuyen varias muertes de activistas de dicho partido a finales de los años setenta. Se han encontrado cartas en las que amenazaba con asesinar a funcionarios del gobierno y del Estado, justificando sus acciones en la oposición a lo que él y otros extremistas de derechas consideraban una amenaza tiránica proveniente de Washington (FBI, 1982, p. 321). Los integrantes de este tipo de colectivos son profundamente antigubernamentales, pues perciben al gobierno federal como un enemigo que amenaza la democracia (Thomas, 2021, pp. 34-35), especialmente porque el gobierno central tiene el poder de limitar la Segunda Enmienda –la cual garantiza el derecho a portar armas–, algo que consideran un ataque directo a sus libertades (Pierce, 1994).

El Ejército de Estados Unidos es, sin lugar a dudas, una institución que ha acogido a numerosos
supremacistas blancos, atraídos por la consigna del patriotismo estadounidense. A diferencia de la policía o los servicios de inteligencia, que dependen de manera directa del poder central en Washington, el Ejército posee una estructura más descentralizada. Sin embargo, esto no implica que el Ejército sea un espacio separatista por definición. De hecho, Covington fue expulsado debido a su excesivo dogmatismo. Tras su expulsión, Covington se trasladó a Sudáfrica para apoyar a los supremacistas locales, ayudándoles a organizar una ofensiva contra la población negra. Estados Unidos llegó incluso a solicitar su extradición (FBI, 1982, p. 325).

Entre 1974 y 1976, Covington sirvió en el ejército de Rodesia, el territorio que actualmente
corresponde a Zimbabue. Esta acción generó la posibilidad de retirarle la ciudadanía estadounidense, pues implicaba un acto de afirmación nacional y un juramento de lealtad a otro país. Sin embargo, él nunca renunció públicamente a su nacionalidad estadounidense (FBI, 1982, pp. 336-339). Aunque reconoció conocer el riesgo de perder su ciudadanía, afirmó estar dispuesto a asumirlo, ya que consideraba que el gobierno estadounidense no apoyaba al régimen rodesiano en su lucha contra las potencias comunistas (FBI, 1982, p. 341). Además, Covington adoptó posturas libertarias, oponiéndose firmemente al pago de impuestos y tasas económicas, ya que consideraba que estos fondos se utilizaban para financiar el comunismo y otros movimientos que, según él, amenazaban la integridad de Estados Unidos. Esta visión formaba parte de un marco teórico más amplio relacionado con la idea del «Estado Profundo», una teoría conspirativa que sostiene que existen grupos ocultos de poder – principalmente judíos, comunistas y progresistas– que manipulan las instituciones y políticas del país para socavar sus valores y desestabilizar la nación (FBI, 2019). Dentro de esta narrativa conspirativa, Covington argumentaba que uno de los métodos empleados por estos grupos era financiar a diversos grupúsculos que promovían ideologías contrarias a los ideales del patriotismo estadounidense, debilitando así la unidad nacional y fomentando el conflicto social. Para él, estas acciones formaban parte de un plan deliberado para destruir la cultura y la identidad nacional tradicional, atacando tanto la cohesión social como los derechos individuales, incluyendo el derecho a portar armas consagrado en la Segunda Enmienda (FBI,1982, p. 341).

Harold Covington estuvo relacionado con la masacre de Greensboro acaecida en 1979, cuando miembros del Ku Klux Klan y del Partido Nazi Estadounidense atacaron a manifestantes antirracistas y sindicalistas en Carolina del Norte, dejando un saldo de cinco muertos (Wheaton, 2009). Aunque Covington no estuvo presente en el ataque, fue identificado como un líder ideológico y organizador detrás de estos grupos violentos. Tras este suceso, continuó promoviendo su ideología neonazi y supremacista, trasladándose al noroeste del Pacífico con la intención de fundar un núcleo separatista blanco, que también exploró en sus novelas distópicas (FBI, 1982, pp. 2-10).

En sus últimos años, Covington se enfocó en la propaganda y difusión de sus ideas a través de publicaciones y plataformas en línea. Falleció en 2018, dejando un legado ideológico que ha calado en diversas generaciones de ultraderechistas y, aunque no es muy conocido en la esfera hispana, sus postulados han calado en la vertiente de extrema derecha conocida con el nombre de aceleracionismo neonazi que, grosso modo, ansía un conflicto racial entre la población blanca y los estratos de la sociedad que son afines al progresismo, así como lo que ello conlleva (Gómez Fernández, 2023b).

En relación con la visión covingtoniana, su utopía ideal, esta es, la que se plasma en sus novelas, es una idea conocida como Imperativa Territorial del Noroeste, que instaba a los estadounidenses blancos a instalarse en una región que comprendía los estados de Washington, Oregón, Idaho y el oeste de Montana, con el objetivo de establecer eventualmente un etnoestado exclusivamente blanco. Esta elección se basaba en varias razones. El área se caracteriza por estar relativamente alejada de zonas con presencia significativa de población negra, judía y de otras minorías, lo que facilita la concentración de poblaciones que se adhieren a ideales de supremacía blanca. Su carácter geográficamente remoto dificulta la intervención federal para desalojar a los separatistas, mientras que sus extensos espacios abiertos atraen a quienes defienden el derecho a cazar y pescar sin regulaciones gubernamentales. Además, ofrece acceso estratégico a puertos marítimos y a la frontera con Canadá. El fin de esos asentamientos es crear una suerte de colonia blanca que aglutinaría a todos los blancos y expulsaría a aquellos considerados traidores raciales», es decir, quienes no comulguen con este ideal (Pierce, 1978).

3. UN ANÁLISIS IDEOLÓGICO DE LA SAGA DEL NOROESTE

El contexto en el que se escribieron las cinco novelas de Covington no podría entenderse sin el
auge ni la transformación de los movimientos supremacistas blancos en Estados Unidos a finales de los años noventa e inicios de los dos mil. Esos años fueron centrales para la eclosión de milicias de ese mismo signo ideológico que miraban con reticencia los cambios demográficos, la integración de minorías raciales y el avance de la globalización. Muchas de esas milicias, de corte localista y descentralizado, carecían de un liderazgo propiamente dicho y actuaban como células dispersas y desorganizadas. Así, los servicios de inteligencia lograron desarticular gran parte de esas redes (Gómez Fernández, 2023a). No obstante, el auge de los espacios digitales facilitó que, a pesar de esa descentralización, se compartieran manifiestos y discursos de odio en foros y páginas web.

Covington, que había fracasado en su objetivo de orquestar un movimiento supremacista
estructurado, comprendió que la radicalización de los jóvenes podría tener lugar en los espacios cibernéticos dominados por cámaras de eco. Distribuyó gratuitamente su obra en sitios neonazis como Stormfront e incluso autopublicó sus escritos, lo que hizo que se convirtieran en referentes ideológicos para una juventud interconectada por los espacios digitales que huía de los tecnicismos y conceptos complejos de obras teóricas previas. Tras el 11-S, Covington reformuló sus planteamientos a la luz de los conflictos en Irak y Afganistán, haciendo que su literatura operase como una forma de propaganda, normalizando la violencia, justificándola y otorgando un rol martirial a los supremacistas que, supuestamente, morían por un bien mayor, recuperando así la visión de la palingenesia social propia de los discursos fascistas y que, décadas después, asumirían los aceleracionistas (Avilés Farré, 2021).

La saga del Noroeste es una obra particularmente densa, tanto por la complejidad de los
conceptos que aborda como por su inaccesibilidad para el público general. Muchos de estos conceptos pueden resultar desconocidos o difíciles de entender para quienes no están familiarizados con el trasfondo histórico o cultural que maneja. A esto se suma que toda la saga está escrita en inglés y, hasta la fecha, no existe ninguna traducción disponible, lo que limita aún más su alcance y comprensión.

Sin embargo, a pesar de esa densidad y de la aparente profundidad temática, la saga repite
constantemente las mismas ideas y tramas. En esencia, la narrativa gira en torno a una serie de teorías conspirativas recurrentes, estrategias militares y políticas que vuelven una y otra vez, así como a la glorificación casi unánime de ciertos personajes clave. Esta repetición responde al hecho de que la saga funciona en realidad como una pieza de propaganda que busca influir en la opinión pública de manera sencilla y directa, sin exigir demasiado esfuerzo intelectual por parte del lector. Más que una novela compleja, se asemeja a una guía o manual que busca calar en la ciudadanía y moldear percepciones, repetidas una y otra vez para lograr un efecto persuasivo.

En este sentido, a continuación, se presentarán las temáticas predominantes que atraviesan las
cinco novelas de la saga, desglosando las ideas centrales en las que se insiste en cada volumen.

3.1. Las teorías de conspiración como base fundacional del supremacismo covingtoniano

Lo que para el público general son simples teorías de conspiración, para Covington y sus
seguidores constituyen realidades innegables. Estas teorías no se presentan como meras narraciones, sino como pilares estructurales que construyen las bases de su ansiado etnoestado blanco. Para ello, tras una guerra civil, los insurgentes, agrupados en el Ejército Voluntario del Noroeste, de corte paramilitar, estructuran su pensamiento de acuerdo con un proyecto político que tiene como base fundacional distintas teorías conspirativas. Una de las más centrales es la teoría del «Zionist Occupation Government» (ZOG), que postula la existencia de un gobierno de ocupación sionista en Estados Unidos, controlado por una élite judía que manipula las instituciones federales y estatales para imponer un orden globalista orientado a destruir la cultura blanca (Covington, 2013, pp. 67-73). En esta narrativa, los judíos no sólo aparecen como un grupo étnico-religioso particular, sino como una fuerza transnacional
dotada de un poder omnipresente, responsable de la degradación cultural, el multiculturalismo forzado y el despojo político de la población blanca.

Paralelamente, Covington integra la conspiración judeo-masónica, heredera de narrativas
antisemitas europeas, que describe un entramado secreto entre judíos y masones para dirigir desde las sombras la economía, la política y los medios de comunicación. Esta alianza es vista como un actor coordinado que socava deliberadamente la identidad racial blanca, promueve la inmigración masiva como herramienta de reemplazo demográfico y destruye los valores culturales tradicionales (Covington, 2005). La narrativa configura estas fuerzas como responsables de provocar un colapso social planificado mediante crisis económicas, guerras culturales y conflictos raciales, en una estrategia de ingeniería social diseñada para fragmentar y debilitar a la población blanca y facilitar su sometimiento.

Otro de los ejes conspirativos fundamentales es el «Gran Reemplazo», concepto que Covington
articula para explicar la creciente presencia de minorías étnicas como parte de un plan deliberado de sustitución demográfica y cultural, planteado en términos de un genocidio cultural encubierto (Covington, 2007) que es conocido en esas esferas por el nombre de Marxismo Cultural. Esta teoría no sólo señala la inmigración como un problema, sino que la interpreta como un ataque existencial, parte de un programa de exterminio racial indirecto que estaría auspiciado por las élites globalistas y el gobierno federal. Se vincula, además, con la idea de una «reconquista» o invasión encubierta, especialmente cuando se proyecta sobre la población latina –de ahí que se refiera a esa migración con el concepto de Invasión Hispana– y musulmana, configurando un escenario de guerra racial inminente que legitima, a su vez, la violencia defensiva como reacción necesaria (Covington, 2013).

Asimismo, la inclusión de teorías conspirativas sobre FEMA (Federal Emergency Management
Agency) amplía el horizonte conspirativo hacia una perspectiva apocalíptica y totalitaria. Aunque en las novelas no se utiliza la nomenclatura «FEMA» de forma directa, la agencia o sus equivalentes son representados como instrumentos del gobierno federal para establecer un estado de emergencia permanente, instalar campos de internamiento para disidentes blancos y ejecutar un control absoluto sobre la sociedad (Covington, 2007). Esta visión intensifica la sensación de urgencia y peligro existencial, justificando la organización insurgente y la preparación paramilitar como medidas de autodefensa ante la supuesta inminencia de un gobierno tiránico.

Finalmente, la narrativa conspirativa se completa con la teoría del «Estado profundo» y la
manipulación mediática, en la que los medios tradicionales son descritos como cómplices de un aparato de censura, propaganda y desinformación orientado a adoctrinar a la población blanca y reprimir cualquier forma de resistencia (Covington, 2013).

3.2. La religión: entre el misticismo cristiano y el paganismo europeo

La religiosidad adquiere un papel crucial en la obra de Covington porque actúa como un puente que legitima la violencia estatal y racial. No es sorprendente que el cristianismo adquiera distintas magnitudes en este contexto, pues para muchos supremacistas blancos el cristianismo tradicional es fuente de contaminación moral, dado que su figura central, Jesús, fue un mesías judío. De modo similar, el catolicismo es rechazado por su asociación con comunidades inmigrantes latinoamericanas y con un universalismo incompatible con la pureza étnica que promueve el supremacismo blanco.

Ante ello, emerge un cristianismo protestante evangélico fundamentalista que interpreta la lucha política y racial como una guerra espiritual urgente para defender los valores tradicionales y la pureza cultural (Kaplan, 2015). El llamado al «destino manifiesto» se reinterpreta como una misión divina exclusiva de la raza blanca, elevando a sus miembros a la condición de «pueblo elegido» y justificando el separatismo y la violencia como actos sagrados de redención y restauración racial (Covington, 2013).

Dentro de este marco cristiano aparece la influencia del israelismo británico, un movimiento
teológico que sostiene que los pueblos anglosajones y germánicos descienden directamente de las diez tribus perdidas de Israel. Este mito racial-religioso, surgido en el siglo XIX, establece que los británicos y sus descendientes (especialmente en Estados Unidos) constituyen el verdadero pueblo elegido de Dios, sustituyendo así a los judíos en su rol bíblico. En el supremacismo blanco, esta doctrina se fusiona con interpretaciones fundamentalistas para afirmar que la raza blanca es la heredera legítima de las promesas divinas y posee la obligación espiritual de dominar y «purificar» la tierra de elementos considerados impuros o amenazantes (Kaplan, 2015). El israelismo británico, por tanto, provee una base teológica para el nacionalismo blanco, legitimando el racismo como mandato divino y reforzando su
destino manifiesto de supremacía global.

Asimismo, se observa un misticismo blanco secularizado, en el que la identidad racial se
transforma en un credo que cohesiona a la comunidad supremacista más allá de las fronteras de la religión tradicional, funcionando casi como una religión étnica en sí misma. Esta espiritualidad racial incorpora elementos de paganismo nórdico y germánico, en particular el culto a dioses guerreros como Odín y Thor, el uso de símbolos rúnicos, la exaltación de la ideología «sangre y suelo», o Blut und Boden, y el concepto de destino heroico vinculado al Pueblo o Volk. Estas referencias construyen un nacionalismo místico que idealiza un pasado precristiano, proyectando la imagen de una pureza racial originaria y heroica (Blee, 2007).

En la obra de Covington se hace referencia explícita a las viejas religiones de tipo wiccano y a
los ritos vikingos, que refuerzan el aparato ideológico de continuidad con los pueblos nórdicos y eslavos, consolidando así un imaginario de fortaleza, virilidad y sacrificio que entronca directamente con los valores de la ultraderecha contemporánea. El paganismo supremacista se convierte, en este sentido, en una herramienta de legitimación, pues recupera mitologías ancestrales para establecer una genealogía racial gloriosa, justifica la violencia como un acto sagrado de restauración étnica y articula su proyecto político como un retorno espiritual a un orden natural supuestamente violado por la modernidad liberal, el cristianismo universalista y la multiculturalidad.

El proyecto de etnoestado de Covington no sólo se fundamenta en la exclusión racial, sino
también en una estricta restauración de la masculinidad hegemónica como respuesta a la supuesta feminización» de la sociedad occidental. Susan Faludi (2007/2009) relató cómo, tras el 11-S, se culpó a la erosión de los roles tradicionales masculinos de la vulnerabilidad de Estados Unidos. Covington recurre a la distopía para proponer un retorno a una virilidad guerrera, disciplinada y protectora. En su narrativa, la mujer queda relegada al papel de garante de la «pureza racial» y del espacio doméstico, mientras que el hombre es construido como un guerrero-mártir que recupera su agencia política y moral a través de la violencia sacralizada. Esta reconfiguración de la feminidad no es meramente simbólica, sino que funciona como un mecanismo de orden social autoritario que legitima jerarquías rígidas y la supresión de toda disidencia.

Así, el nexo entre paganismo y ultraderecha radica en su función como fundamento simbólico y
moral de un proyecto racial excluyente. El paganismo provee un sustrato mitológico que glorifica la guerra, la jerarquía y la supremacía del propio grupo, dotando al nacionalismo extremo de un horizonte espiritual en el que el odio y la violencia adquieren la forma de un destino heroico y un mandato ancestral.

3.3. La propaganda como difusor del martirio

La narrativa de Covington está cuidadosamente diseñada como un instrumento de propaganda
dirigido a movilizar emocionalmente a sus lectores y seguidores. Se construye en torno a un discurso de victimización que presenta a los blancos como una población perseguida, cultural y demográficamente amenazada, legitimando así la violencia como una respuesta justa y necesaria. Esta estrategia discursiva emplea términos cargados de connotaciones simbólicas como pureza, honor, libertad y defensa racial, apelando directamente a la identidad y el orgullo colectivo. La narrativa excluye explícitamente a minorías y grupos no blancos del derecho a la tierra, la cultura y la herencia simbólica, construyendo una frontera moral y cultural rígida y excluyente (Covington, 2003).

Un componente crucial de esta propaganda es la glorificación del sacrificio: la resistencia
armada no se presenta únicamente como un deber político o moral, sino como una misión heroica y sagrada, en la que el martirio y la entrega total son exaltados como actos de honor supremo necesarios para la salvación racial (Covington, 2007). Aquí, la figura del insurgente o revolucionario se construye como la de un mártir que, al sacrificarse, purifica y redime a su pueblo de la decadencia moral y la amenaza de extinción.

Esta exaltación del martirio conecta directamente con la dimensión mística y religiosa de la
narrativa supremacista. Desde la perspectiva cristiana fundamentalista, el sacrificio adquiere el
significado de redención colectiva, replicando el modelo de Cristo como mártir salvador: así como Cristo sacrificó su vida para salvar a los suyos, el insurgente blanco debe entregar su existencia para restaurar la pureza y el orden racial divinamente establecidos (Kaplan, 2015). La violencia se sublima así en un acto de amor sacrificial y obediencia a un mandato superior, otorgándole legitimidad trascendente.

Por otra parte, esta misma exaltación del martirio entronca con el misticismo pagano nórdico que Covington incorpora en su obra, donde la muerte heroica en combate no es vista como un fracaso sino como la mayor realización de la vida. En la mitología nórdica, el guerrero caído asciende al Valhalla, el salón de los héroes, y su sacrificio se considera un acto glorioso que refuerza el honor de su clan y su pueblo (Blee, 2007). De esta manera, el martirio insurgente fusiona las tradiciones cristianas y paganas. Por un lado, el sacrificio como redención y, por otro, como heroísmo épico que perpetúa la estirpe y conecta con un destino mítico y ancestral.


Así, Covington construye un marco simbólico donde la violencia insurgente es sacralizada y el
mártir revolucionario es investido con un carácter casi sacerdotal, ya sea como un Cristo ario redentor o como un héroe vikingo que entrega su vida por la pureza y supervivencia de su pueblo. Esta combinación de misticismo cristiano y pagano confiere a su propaganda una fuerza emocional y espiritual extraordinaria, reforzando la cohesión interna de la comunidad supremacista y justificando la violencia como una obligación sagrada ante la historia, la raza y los dioses.

Finalmente, la difusión de esta propaganda se realiza a través de medios alternativos y
clandestinos como radios piratas, volantes, foros y redes sociales encubiertas, que eluden la censura estatal y generan un sentido de clandestinidad, resistencia y lucha heroica contra un sistema opresor (Covington, 2013). Este carácter subversivo fortalece la dimensión mística y sacrificial de la insurgencia, pues ser perseguido confirma su verdad y la pureza de su causa, reforzando la autoimagen de mártires en una guerra santa y heroica por la restauración racial que se proyecta en una regeneración nacional.

4. CONSIDERACIONES FINALES

La Saga del Noroeste de Harold A. Covington constituye un ejemplo paradigmático de cómo la
literatura distópica puede convertirse en un mecanismo de propaganda capaz de calar profundamente en sociedades desinformadas. A través de un universo narrativo extenso –especialmente su último volumen, que supera las novecientas páginas–, Covington emplea un lenguaje simple, directo y eficaz, construyendo un mundo ficcional que legitima la violencia y sacraliza el martirio mediante un marco religioso que proyecta el etnoestado blanco como garante de orden frente a un mundo supuestamente corrompido por el progresismo.

Las teorías de conspiración se convierten, así, en un instrumento discursivo clave para
consolidar su narrativa. Una vez examinado el contenido de las novelas y analizadas sus tres temáticas principales, se determina que estas obras funcionan como un manual político y propagandístico. Validan la idea de un conflicto racial inevitable que debe ser encabezado por las facciones supremacistas, ofreciendo argumentos y justificaciones que apuntalan su proyecto ideológico.

En segundo lugar, resulta particularmente ilustrativo el nexo existente entre el fundamentalismo cristiano y el paganismo nórdico como ejes articuladores del proyecto político de Covington. Si bien su preferencia recae en las religiones y mitologías nórdicas, no deja de utilizar el cristianismo –en especial su vertiente fundamentalista e israelita cristiana– como marco de referencia identitaria, dado que constituye una religión más influyente entre sus seguidores. Este cristianismo aporta, además, una matriz antisemita y antisionista coherente con su visión conspirativa, erigiéndose como baluarte de los valores tradicionales frente a un cristianismo aperturista que él percibe como corrompido.

Asimismo, es relevante destacar la sacralización de la violencia y el martirio que emerge de esta
dualidad, esta es, la figura del mártir cristiano se funde con la del guerrero nórdico, vinculando la insurgencia supremacista con raíces europeas idealizadas. De esta manera, se forja un imaginario heroico que legitima la violencia como mandato espiritual y racial.

Finalmente, si bien en las novelas no se expone de manera directa, la cosmovisión de sus
seguidores considera que Estados Unidos es la heredera de Europa y del Imperio Romano en su
vertiente pagana. Esta idea se refleja en la estructura de las células y núcleos insurgentes, que
reproducen lógicas milicianas inspiradas en modelos históricos europeos, reforzando su sentido de legitimidad y continuidad cultural.

La distopía, para concluir, es un género literario que permite comprender y analizar ideas y
realidades potencialmente antidemocráticas. A través de la representación de sociedades adversas y escenarios críticos, se fomenta la reflexión crítica sobre las dinámicas de poder y contrarrevolucionarias que pueden atentar contra los derechos fundamentales. Por ello, constituye una herramienta indispensable para fomentar la vigilancia, el pensamiento crítico y la resistencia ante aquellas fuerzas o ideologías que atentan contra los valores fundamentales.

REFERENCIAS

Avilés Farré, Juan (2021). La estrategia de la tensión terrorismo neofascista y tramas golpistas en Italia, 1969-1980. Madrid: UNED.

Blee, Kathleen (2007). Inside Organized Racism: Women in the Hate Movement. Oakland, CA:
University of California Press.

Covington, Harold A. (2003). The Hill of the Ravens. Bloomington, IN: AuthorHouse.

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Covington, Harold A. (2005). A Mighty Fortress. Bloomington, IN: AuthorHouse.

Covington, Harold A. (2007). The Brigade. Bloomington, IN: AuthorHouse.

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